Ahí, siempre arañando la lluvia, intentando traspasar la ventana,
el exterior, la calle, el grito en la plaza y doblegar el llanto.
Tal vez los fantasmas no te dejaron amanecer los colores de tu camino
tus libros, colores, música, atajos escondidos que pariste en el mapa.
Pequeños rayos coloreando la calidez de tus lágrimas, de tus pasos
las arrugas moldeando el hastío y astillando los ventanales del laberinto.
Crecen las palabras, acompañan la caída y la poesía un paracaídas de vida
letras estiradas hasta que abarque el significado del sentir,
hasta que el silencio se llene de sonidos y amanezcan los versos
que el canto estalle entre las ramas de los sedientos olvidados.
Mirar con los ojos de tu tinta rescata lo sublime de cada acto, de cada espanto
y te siento recitar en los colores del miedo acompasando el caminar,
sabiendo que vas a estar allí, de alguna manera, como un dios compañero,
como una magia sin galera que se desnuda invisible en el viento
que te abriga sin tocarte el cuerpo invadiendo tu frente de palabras
recopilando el vocabulario de imágenes que enciendan los renglones
serás siempre el as debajo de la manga disipando los golpes y nudos,
acompasando el aire que se anuda en el pecho para caer entre tus versos.
Daniel Poggio
13 de mayo 2025
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