Está todo oscuro y tranquilo afuera pero escucho sus corridas a lo lejos. Escandalosos como película yankee. Además todas las puertas del barrio están cerradas, ni la de los muchachos del Lucho está abierta. Eso solo ocurre cuando vienen ellos. Además, no sé si es la sangre que me chorrea por todos lados pero siento el olor a muerte entrando por la ventana. ¡¿Caño, no sentís el olor!? Mirá, olé mi sangre, ves que no es la mía. Es un aviso loco, están haciendo cacería y ya habrán bajado un par de los nuestros.
Están deseosos de encontrarme. Recuerdo cuando cumplí los 18 años, aparecieron en la casa de mi vieja cuando recién empezaba la fiesta. Preguntaron por mí y, como los escuché desde el fondo del patio, salté para lo del Rulo y desde allí escuché que le decían a mi vieja. “Dígale a su hijo que ahora ya es mayorcito, que se cuide, tiene que aprender a respetarnos y desde hace rato que se la tenemos jurada”. Le dejaron una bala sobre la mesa y antes de irse, desde la puerta, uno de ellos dijo casi a los gritos para que todos oyeran, “si se le pierde nuestro regalo que no se preocupe que tenemos varias para él.”
Che Caño, aguantá viejo, yo te hablo así no te dormís del todo. Ya que no podés hablar por lo menos mové una mano, pestañea, hace algo loco, así sé si estás vivo. Te metí debajo de la mesa y atrás de las bolsas de harina para que no te vean. No te enojes, es medio incómodo y sucio pero sé que hoy me atrapan, no me preguntes por qué. El balazo que me metieron en la panza me duele cada vez más, casi no puedo caminar. Estoy perdiendo mucha sangre. Además hoy a la mañana tuve un mal augurio. Perdí la estampita de San Roque. La que me regaló el tío René cuando tenía 9 años. No sé Caño... siempre la llevaba conmigo, en un bolsillo, en los calzoncillos, en las medias. Sólo se separaba de mí cuando me bañaba, pero ahí quedaba cerquita con mi ropa. No me mires así. Ya sé, te tendría que haber avisado y lo dejábamos para otro día. Pero loco yo también creo en San Roque pero vos ya sos pesado. Si te contaba no venías y yo necesitaba la guita para mañana. Tenés razón, por algo terminó mal pero... Caño, no sé si son los dolores que me nublan la vista pero estás haciendo unas caras muy raras. No parecen de dolor, ¿te estás queriendo comunicar con los gestos? Y sí, mejor no forcés la garganta loco. Intenté hacer algo con ese agujero del cuello pero bueno, no soy enfermero. Por lo menos ya no sangra tanto.
Viejo no me des vuelta la cara. Últimamente hasta en San Roque me costaba creer. Me preocupé porque no encontraba la estampita, pero bueno... el Nene la semana pasada también llevaba la estampita y lo dejaron como un colador. Acordate cuando lo fuimos a buscar al descampado donde lo dejó la yuta. Hasta la estampita estaba fusilada.
Viejo, cuesta pensarlo así pero estamos solos. Yo en el único que confío es en el tío René que me habla cuando estoy en peligro. Me dirige las escapadas, cuando no sé para donde correr escucho que me grita “saltá por la pared, rajá por la calle de atrás o escondete en tal lugar”.
Dale Caño, no te enojes vos también. ¡AHH! encima esta mierda que no para de sangrar, me la dieron bien hoy. Ya estábamos en el auto, vos todavía hablabas algo, en realidad gritabas, y cuando ya agarrábamos la calle el parabrisas estalló. Ahí mucha cuenta no me di y pudimos rajar igual, pero a las pocas cuadras un fuego me quemaba todo el estómago. Caño vos no lo viste porque estabas en el asiento de atrás, pero no sabes los chorros de sangre que me salían.
Pensé venir acá, a lo del panadero. Él nos va a ayudar. Lo único que nos queda es aguantar hasta mañana. Cuando llegue nos da su sermón de siempre del trabajo y de la vida digna y después le pedimos que nos lleve a lo de Jerin, siempre nos da una mano. Aunque esta vez son jodidas las heridas que tenemos Caño. Pero bueno para algo es médico y amigo.
Caño, el tío René hoy no apareció en ningún momento... Siempre algún grito me pegaba, o de ayuda o de felicitaciones, pero estaba de alguna manera. Él también me dejó solo hoy y... ¡carajo Caño!, no te asustes pero recién vi la cara del Nene en la ventana. ¿Qué me querrá decir? Encima estaba con la cara como lo encontramos en el baldío. Te acordás Caño, lo reconocimos por el flequillito ridículo que tenía y ese napio enorme, pero el resto de la cara...lo cagaron a piñas. Pero vos no te asustes que es conmigo la rosca. Pero loco cualquier cosa que yo grite o escuches ruidos raros quedate ahí escondido, yo ya estoy jugado y tantos avisos que recibí hoy no son casualidad. Además, bastante me costó traerte hasta acá. Cinco cuadras arrastrándote y luego volver a tapar el rastro. Un trabajo joya, pero loco no doy más, no puedo más.
Este José podría tener más limpia la panadería. Mirá las cucarachas que vienen. Son enormes y escuchá el sonido de sus patas, parece que marcharan. ¡Caño van todas hacia las manchas de sangre!, están juntándose y nadan como contentas, ¡las escuchás Caño, se están riendo! Y... es conmigo...hacia tu sangre ni se acercan y corren hacia las manchas que dejé yo. ¡Y mirá, que asco, están tomando mi sangre!, ¡Caño, mirá...son montones y van chupando y hacen ese ruido extraño! Caño, a vos no te parecen que se ríen. Sí, loco, das vuelta la cara porque te da asco y estás enojado. Es otro aviso para mí. Fijate que a vos no te chupan la sangre, en cambio a mí... el suelo está quedando limpito. Están avanzando y están llegando a mi pierna. Las pateo loco a ver si quieren meterse en mi herida. Ya está. Huy, loco vienen de nuevo. Parecen cada vez más grandes y van cambiando su color, a veces azules y otras negras. Caño, me estoy durmiendo, vos cualquier cosa ayudame y patealas. Ya sé que casi no te podés mover, pero hace un esfuerzo loco. Odio a estos bichos y se hacen cada vez más grande con mi sangre. Los pateo una vez más y después me tapo la herida con la campera así ni llegan hasta acá.
¿Vos no tenés sueño? A mí se me caen los ojos. Y el Nene no volvió a aparecer. Ya está loco, no está el tío René y el Nene también se fue... lo único que nos queda es el panadero. Mi vieja no sabe dónde estamos. Yo nunca le contaba de las salidas y ahora menos que estamos peleados. Igual siempre se enteraba. Quién mierda le contaba no lo sé, pero siempre me cagaba a pedos y sabía todo con lujo de detalles. Y que no quería más muertes..., que todo esto siempre termina mal, que mirá el tío René y su hermano Pedro y mi prima la Laucha y toda la historia de mi familia y amigos muertos. Y yo le decía “¿y por qué yo voy a ser distintos a ellos?”. Me hablaba la vieja de conseguir laburo, juntar guita y piantar para otro lado. Decía que en su Corrientes todo era distinto. Mentira viejo, seguro que estaba la yuta y se cagaban de hambre como acá. Loco, ¿además conseguir laburo?, yo ya pasé por eso. Un laburo de mierda donde ni siquiera podés decir donde vivís porque si no ni te toman, te rompes el alma un montón de horas por día y después dos mangos te daban. Y loco, no hay negocio así.
Además Caño, la vieja de qué me habla si ella estuvo en cana también. Ahora se la da de trabajadora pero también estuvo en el afano. Me parece que no se bancó tantas muertes cercanas...pero bueno viejo o te queda ser un muerto que vive un montón de años como un perejil o morirte joven pero habiendo vivido algo. Eh loco, contestá. Caño... ¿ya te dormiste? Está bien, ya no se ve nada acá, lo mejor que podemos hacer es dormir.
No viejo, lo siento, aunque duermas aguanta que te hable porque no puedo cerrar los ojos, me agarran puntadas cada tanto que me hacen temblar toda la cara.
Que lo parió ¿y estas cucarachas donde estarán? Está todo muy oscuro pero las escucho marchar hacia mí. Afuera también se escuchan ruidos, corridas, gritos, ¡vienen para acá¡
Che Caño, ¿alguna vez te imaginaste cómo sería el momento de la muerte? Yo miles de veces. Pero re de película. En un tiroteo en un banco, reventado dentro de un auto, en los techos de alguna casa cuando me escapaba, pero siempre de una forma rápida. No le temo al momento de la muerte sino a que sea larga. La abuela Pocha... ¿te acordás de mí abuela no?, bueno. Estás enojado y medio dormido así que aunque no contestes te cuento. La abuela fue la única decente de la familia. Tenía un vivero en las afuera de la villa. Hermoso. En el frente un jardincito de albahacas con un olor bellísimo. Hasta pensé fumarme alguna de las plantitas para que me calmara un poco… pero no me dio… por la abu viste. De chico me copaba con las plantas y flores que tenía. Además la Pocha me contaba unas historias sobre las plantas, los árboles, la naturaleza, me encantaba escucharla e imaginar que mi vida podía ser distinta. Eh Caño, ¿vos pensás que todo podría haber sido diferente?, la Pocha me decía que sí… ella vivía diferente, ni una vez en cana, ¿lo podés creer? tal vez por eso se murió durmiendo, viejita, tranquila. Cuando la velamos parecía que sonreía. Te juro que yo pensaba, “en cualquier momento se sienta y me cuenta una de sus historias”. No, se fue. Aunque en algunas noches me re imagino unas historias repiolas, tranquis, de viajes, de vida en la montaña, como las que ella me contaba. Te cuento un secreto Caño, a veces cuando me agarra julepe me cuento alguno de sus cuentos y hasta me parece oler el aroma de su jardincito. Sí, no me mires con esa cara Caño. Recuerdo los cuentos, algunas partes de la historia las invento… no le meto ni falopa, ni vino, ni balas. Para cuidarla a la Pocha. Sabés, cuando la abu me venía a buscar a casa o a la escuela, sí loco, alguna vez fui a la escuela y por eso me buscaba la Pocha, para tenerme cortito. La abu tenía el olor de la albahaca, te juro, era igual. Yo caminaba y ese aroma me agrandaba el pecho, todo parecía más fácil y hasta se me iba el hambre. Ella fue la única que conocí en este mundo que se fue para el otro lado sin sufrir loco, todos los demás por la yuta, por hambre, por enfermedad o se mataron. La Pocha se murió sonriendo y con su aroma de siempre. Nunca vi tanta gente en un velorio. No había bronca, ni enojo, solamente llanto de recuerdos felices, nostalgias bellas. La querían mierda. Nosotros loco. ¿Quién va a venir? y los pocos que vengan con el miedo, tristeza y desamparo del cielo que nos cubre por acá loco.
Caño me voy a dormir un poquito, no me vas a creer pero las cucarachas se fueron y en lugar de esos bichos horribles el piso está repleto de hojitas. Sí loco, ¡sentís el aroma!, no te hagas el boludo y mírame. Son hojitas de albahaca. ¡Qué lindo loco dormirme así!, no sé bien qué es pero me gusta. Hace rato que no las olía.
Chaucito Caño.
Daniel Poggio
Dibujo realizado por mi hijo Nicolás

Muy interesante Dany. Lograste perfectamente un relato en otro estilo, fuera del área de confort. Todo el tiempo imaginé a los dos tirados y baleados y esa forma tan peculiar de hablar... espectacular! Ya quiero la novela! jaa
ResponderBorrarGracias primo,, la novela en marcha. Ah quiero retos literarios ya
ResponderBorrarOtro estilo....pero duro también!....nunca una novelita ligera, no?... Me atrapó!...esperando la novela.
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