Abelardo
contemplaba en su cansado sentir como el horizonte de sus arrugados ojos era
inundado por un extraño mar. Rápidamente bañaba de bruma sus pupilas. La humedad transfiguraba el ambiente y la
espuma decoloraba sus recuerdos.
El
tiempo se mezcló entre las olas, los años iban y venían pero nunca se quedaban.
Los cuerpos se repetían saltando como delfines,
rescatando resabios de historias que se perdían en las arenas de la costa. Vientos desconocidos
destruían los castillos de gente que su cien fabricaba. Médanos enormes yacían
en la planicie de su frente, borrando los caminos por los cuales regresar a lo
profundo de su nombre.
De vez en cuando algún remolino se convertía en retoño de
sus días. El paisaje de su boca se llenaba de palomas agrandando el cielo de
sus labios, el sol calentaba los almanaques dormidos en el fondo de su pozo.
Hasta que una brisa blanca silenciaba la playa y sólo dejaba espaldas que se
zambullían entre sus manos.
El
mar lo rodea de esa espuma lejana que corroe su bóveda y oxida sus huesos. Arriba,
abajo y hasta dentro de sí ya no queda nada. Solo persiste el sonido del agua en su constante andar, adormeciendo
sus pensamientos. Ya no quiere construir más muelles que se hundan sin hablar,
ni salvar pescadores mudos que se disuelven con la sal.
Trató
de buscar donde observarse, encontrar respuestas en el libro de sus gestos. Sin embargo sus pasos naufragaron
al caminar hacia su vista.
En
medio de la playa delira historias y personajes para no dormirse. Le aterra la
oscura noche sin estrellas y los sueños prestados. Invadido por la nada evapora
la razón y da vida a los seres que merodean su cantar. Una historia para contar
el despliegue de sus arrugas y el silencio de su mirar.
Sin
darse cuenta cada día renueva el libreto con diferentes personajes. Luego los
pierde en los laberintos de su almohada, para amanecer con nuevos pasos que lo
llevaron hasta allí. Cree totalmente en esas historias que nacen detrás de cada
amanecer. Describe los hechos con el virtuosismo de un gran escritor, hasta
lagrimea viejos amores robados por la muerte e hijos que en cualquier momento
van a llegar.
Un
gran artista devorado por el miedo, sabiendo que la marea que bloquea sus ojos
fue mucho más allá que la simple imagen. Todo está blanco debajo de sus canas y
la calvicie arrasó hasta el diario de su vida.
Pequeñas
balsas con miles de rostros recorren sus lágrimas. Mueve sus manos para
alcanzarlas, pero sólo choca con las frías chapas que sostienen su hogar.
Siente la lluvia de mayo penetrar por los agujeros de su casa y sólo atina a
ponerse otro cartón debajo de la camiseta.
Les
grita a los sobrevivientes para que lo ayuden. Él también quiere huir. No
soporta más esa estela constante entre sus ojos y la cabeza. El frío lo está
invadiendo y el hambre es lo único que escucha latir en su cuerpo.
Sin
ser invitada la tormenta penetró derribando la puerta. Corriendo tras ella un
ejército de sonidos que merodeaban por el barrio se adueñó de su hogar. Voces
de chicos jugando a no ser grandes; carros arrastrados por caballos que murmuran
su cansancio; piernas corriendo detrás del tiempo inalcanzable; escuchó risas sin
dentaduras soñando con amaneceres de comida.
Abelardo
sintió cómo la mano de sus oídos construía el andamiaje de cada sonido.
Imágenes, nombres y hasta su propia vida corría alrededor de la cama. Detrás de
cada dibujo sonoro resurgía un retazo de mapa, una pupila virtual observando la
ruta que ocultaba el mar.
Empezó
a reírse tanto que casi se atraganta con la olvidada alegría. No estaba solo y
la memoria resucitaba con el griterío de su gente, comprendía sus dolores y al
fin era parte de un escenario que no tenía el aroma de la ficción.
Se
durmió abrazado a ese último pedazo de historia y se fue con los ojos del alba, enrojecidos y abiertos, observando
cómo crece la nada entre los dueños de la soledad.

Plagado de imágenes. Te lleva de un lado a otro con sensaciones encontradas. Impecavle
ResponderBorrarImpecable. Error de tipeo. Ja
ResponderBorrargracias primo
ResponderBorrarMe encantó profe, al leer cada párrafo sentí y pude imaginar en mi mente lo que redataste y me gustó mucho "la razón y da vida a los seres que merodean su cantar." Fue muy inspirador, lo felicito ♡
ResponderBorrar-Fernanda gomez
Gracias Fer por estar
BorrarFuerte y poético final querido Daniel,... entre los brazos de la soledad, esa "nada"...que es el "todo " de tu poesía, o el mucho...ya que vuelve como el mar siempre, a tu escritura. Gracias!
ResponderBorrarGracias compañera. gracias por estar siempre cerca de í y de la poesía
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