En el año 2121 no había ningún
habitante tocando el suelo, sólo autos voladores, colectivos aviones. Todo Ituzaingó estaba ¡en el cielo! En el centro había una estatua gigantesca de un señor
llamado Daniel Poggio, todos los 29 de octubre cada habitante dejaba una caja
de tizas. Se lo conocía por tirarles tizas a los alumnos y ensuciarles sus
bancos con polvo de tizas. Este cuento se basa en uno de sus hijos llamado Nicolás
Poggio quinto, un joven de 20 años que hacia travesuras en la universidad como
cualquier universitario. El 30 de febrero sucedió algo, algo que le
cambiaria la vida, ese día un señor lo
invito a que pase a una sala. El amablemente pasó, sin ningún problema, pero lo
que había allí no se lo imaginaba. Una secta de todos pelados, diciendo chistes que no daban gracia. A Nico le
parecieron familiares esos chistes. Uno de los señores calvos se acerco y le dijo, somos una secta amantes de Poggio y tú eres el indicado para
tener sus poderes sagrados: La puntería para tirar tizas; la agilidad con las
piernas; la habilidad de ensuciar bancos. Tú eres el elegido. Tú y nadie más
que tú podrá ser el nuevo profesor supremo. Nico dijo "alagado yo lo hare".
Cuento de Bautista Alejandro Canda, de 13 años.

Jajaja. Felicito profundamente a Bautista. El relato es genial. Utilizar elementos cotidianos para crear historias es una capacidad que no todos tienen. Poder imaginar un futuro con esos elementos ya es una genialidad.
ResponderBorrarAplaudo a Bautista y le pido que siga escribiendo! El mundo necesita más que nunca soñadores y creadores de historias.
Iré personalmente a dejar una tiza debajo de la estatua de ese pelado y soplaré el borrador para que una nube de polvo blanco invada el ambiente.
Felicitaciones!!!
Sí, escribe muy bien. Prometió segunda parte. Así que vamos con ella.
ResponderBorrarEspero la segunda parte con ansias!
ResponderBorrarja yo también aunque ya terminan las clases
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