Después de “Casa tomada” (Un final alternativo al cuento de Julio Cortázar)


 Un ejercicio de continuación de una obra, pasar de lector a escritor. Robar la idea e ir más allá. Perdón eterno.


Cerré de un golpe la cancel y nos quedamos en el zaguán. Ahora no se oía nada.

- Han tomado esta parte – dijo Irene. El tejido le colgaba de las manos y las hebras iban hasta el cancel y se perdían debajo. Cuando vio que los ovillos habían quedado del otro lado soltó el tejido sin mirarlo. Inmediatamente las hebras corrieron debajo de la cancel, hacia el sector tomado. Me sorprendió esa actitud casi violenta, ya que la cancel era la frontera de sus vidas. Además los objetos actuales no les interesaban, solo la casa les importaba, ese espacio de vida tan especial que conformaba una cosmovisión sin tiempos, sin muertos.

Mientras meditaba cosas tan antiguas y presentes a la vez, Irene me tomó del hombro y me hizo girar bruscamente sin decirme una sola palabra. Estaban ante mí sus ojos, como nunca los vi en mi vida, repletos de espanto y secos de impotencia. Su rostro era el telón de un escenario incomprensible. Detrás de ella, pasando el zaguán debía empezar la calle, sin embargo sonreía con todos sus muebles el living de la casa. Estaba igual. A los lados las puertas de nuestros dormitorios y al frente el pasillo que conducía a la parte más retirada.

Irene solo miraba mis ojos, sus manos caían al costado del cuerpo, marchitas sin las agujas del tejido. Luego abrió la puerta de su rostro y, con una voz ronca que nunca le escuché, me dijo: - No hay salida.

Le tomé sus manos heladas como picaportes, la abrasé y le dije al oído: - Averigüemos qué pasa, tiene que existir una puerta para irnos, tiene que estar la calle en algún lugar, el afuera.

Me acerqué a la cancel y apoyé mi oído, se escuchaban sonidos cotidianos de una casa habitada. Me agaché para observar por la cerradura de la gran puerta, lo único que pude observar del otro lado fue unas manos terminando de tejer el chaleco gris, ese que tanto me gustaba.

Me di vuelta confuso y la contracara de la cancel seguía siendo el espejo virtual. Irene lentamente caminaba hacia la puerta de roble. Pude ver cómo empujó ambas hojas con un movimiento seco. Recorrimos toda la casa, no faltaba nada, todo estaba idéntico: los muebles, mis libros de literatura francesa, mi pipa, la botella de hesperidina, hasta los quince mil pesos. Las únicas cosas que no encontramos fueron las madejas de hilo.

A mí me dio cierta tranquilidad encontrar mis objetos queridos, no sé si llamarlos queridos pero era lo único que tenía, además de Irene. A pesar de todo lo sucedido solamente habíamos perdido la oportunidad de salida, pero habíamos recuperado la casa, nuestros antiguos objetos, y ya no se escuchaban sus ruidos tomando posesión. Pero, sin embargo, mi hermana lloraba silenciosamente acostada en su dormitorio. Primero me asusté pues no la distinguí, temí que fuera alguien más en la casa, pero no, era Irene con la extrañeza del miedo que desfiguraba su antigua imagen.

Sus lágrimas huían por debajo de sus párpados y rodaban por el rostro blanco, metálico, que casi parecía de mármol. Giré observando la casa y luego su cuerpo, no sé como expresarlo, quizás fuese la poca luz, pero ahí acostada se mimetizaba con el ambiente, se perdían los contornos, me costaba verla así que me acerqué.

No me animaba a entrar a consolarla ¿qué decirle?, ¿qué por lo menos ellos no estaban de este lado, que yo le temía más a los fantasmas exteriores que a los nuestros, que igualmente estábamos juntos, que ella y la casa son mi vida, que sin ella me muero? Pero tantos pensamientos tapiaban mis labios. Sólo mis dedos se animaron a dialogar con sus cabellos, pero de a poco fui descubriendo que ya nada era igual, el silencio devoraba también su cuerpo.

Luego de un par de minutos observando como sus lágrimas se secaban antes de caer fuera de su cuerpo, las mirillas de su rostro se abrieron y desde los pasillos de su boca me dijo:

- estoy muy cansada y me cuesta mover mi cuerpo.

La abracé fuertemente y le dije: - Vamos a comer a la cocina y luego nos vamos a dormir. Mañana será otro día y comprenderemos todo mejor.

Me miró con un rostro extraño y con una voz muy pequeña me dijo: - No tengo hambre, prefiero dormir, pero no me dejes sola que una sensación extraña gatea por mi estómago.

Me senté al lado de ella en la cama, la abracé, y mientras ella dormía me puse a leer uno de mis libros favoritos que recuperé de la biblioteca.

Cuando estaba terminando el tercer capítulo del libro sentí la mano de Irene apretar fuertemente mi brazo. Le acaricié los dedos y de golpe su mano cayó sobre el colchón. Pensé en una pesadilla, no sería extraño con todo lo que había sucedido. Le besé la frente y volví a la lectura. Al rato empecé a sentir los sonidos de ellos, las conversaciones en voz baja, las sillas al arrastrarlas por la alfombra. ¿Se habían animado a pasar su antigua casa? Lentamente caminé hacia el living. No se escuchaba ningún sonido, me acerqué a mi habitación y nada, el silencio gobernaba la casa. Me acerqué hasta el zaguán para escuchar si todavía estaban del otro lado de la cancel. ¡Tampoco!

¿Dónde estaban? Si no habitaban la verdadera casa habían tomado otro lugar para vivir, pero yo ya había recorrido esta casa paralela y nada, el silencio era total.

Entré nuevamente al dormitorio de Irene. Ahí sí se escuchaban los sonidos de ellos, sin embargo parecían apagados, profundos.

Recorrí toda la habitación sin encontrar los sonidos pero escuchándolos cada vez más fuerte, por momentos se hacían intermitentes. Voces que iban y venían, ruidos de muebles que retumbaban y desaparecían. Hasta que descubrí por el sonido metálico, conocido y constante de las agujas de tejer, que los ruidos de ellos nacían de los labios de Irene, de su respiración entrecortada. Me acerqué y la empecé a sacudir para que despertara de esa locura. Les grité: - ¡¡A ella no!! - La tomé entre mis brazos y su boca se cerró como una gran puerta y luego... sólo escombros entre mis manos.

 

Texto de Daniel Poggio que se encuentra en el libro "Espejo de mis dedos"

Comentarios

  1. Terrible, la tragedia "ama de casa" narrada sin filo ni perdón. 🤗

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  2. Excelente Dany. Hay que animarse a darle un final alternativo a cortazar!!!! y encima lograrlo con tanto talento! Buenisimo!

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  3. Gracias Dari. Te tiro la pelota, ahora elegí un cuento y continualo. Sorprendeme cumpa, siempre lo lográs

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