La casa se llenó de escombros.
Llanto
de polvo sobre los puentes de la mente.
La pelusa empezó a desfigurar la simetría del cuarto,
vaciándola de rincones, ocultando los huecos silenciosos,
escondites de mis ojos.
Ya nada tiene forma en la vieja cueva.
Sólo los antiguos escudos sobreviven como esfinges
a esa negra erosión
que pulveriza los espacios
soñados por mi infancia.
¿Como escapar de esa frontera temporal
si no la reconozco?
Sigo
siendo expulsado hacia el interior de la suciedad
y
sin embargo me siento un indocumentado,
sin
mapas y sin entender el idioma.
¿Dónde estará la puerta de carne
que me conduzca a la bolsa de años que me cubre hoy?
Poema de Daniel Poggio del libro "Flores ciegas"
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