Envuelto en
la tierra de tus caminos
sufro el
rezongo de los vientos,
el aliento de
las montañas
y el grito de
la historia
que salta en
cada esquina de tu cuerpo.
La
somnolencia del atardecer me marea
y me
encuentro caminando en el cielo.
Las nubes
flotan a mi lado
manchadas por
el polvo rojizo,
herencia del
sol enamorado.
El arcoiris
se viste de montaña
y puedo palpar
cada uno de sus siete colores.
El sueño
continúa y temo no despertar,
creo haberme
quedado enredado
en la tierra
del horizonte,
donde las
estrellas bailan con las luciérnagas
y la luna se convierte en espejo.
Poggio Daniel

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